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Inyectando agua salada en la vena de la vida
Reflexiones sobre la realidad líquida y salada en la que vivimos.

Archivo: Enero 2009

03/01/2009 GMT 1

Salud, Éxito y Serenidad

ghawar @ 00:58

No existes. Tú que escribes estas líneas, o tú que las estás leyendo no pienses ni por un momento que puedes separar de este fugaz instante al observador de lo observado ni pretentas que haya existencia en cualquiera de los dos.

Todo es maya, todo ilusión.

Sin embargo bajemos al mundo "real" de la diferenciación. Es un juego agradable, bonito, cómodo y muy útil.

Pensemos aunque sólo sea por un breve suspiro que existe algo más que este fluido aquí-y-ahora-que-siempre-permanece-y-siempre-huye.

Creámonos que tenemos algún control sobre la aparente nave que navega por el rio del tiempo a la que decimos "vida".

Convenzámonos de que estamos al timón y, llegadas las ilusorias, e inevitables, bifurcaciones (es curioso pero los rios tienden más a la confluencia que a la difluencia) podemos elegir qué camino tomar y que la suma de todas esas elecciones más algunos llamémosles: "accidentes" es lo que al final conformará la ilusión que llamaremos curso vital o "nuestra vida" al mirar atrás.

Dicho esto, y recalcando que toda diferenciación es, cuanto menos, discutible, supongamos que pedimos tres deseos. Podría ser sólo uno, o más, tres es un buen número, mágico, tradicional, tan bueno como otros y mejor que muchos.

Sigamos con el juego teniendo en cuenta que nuestros deseos son a saber, y a saber cuales: Salud, Éxito y Serenidad.

Es decir si la enfermedad es un mensaje, si es una llamada de atención, un grito, un centra-tu-atención-conciencia-en-esto-en-concreto, pedir salud es como decir: "¡Basta! No quiero gritos, ¡Suavidad!".

Pero pedir eso tiene un precio, no hay cosa que no lo tenga.

¿Qué estás dispuesto a dar, a poner de tu parte para que no haya gritos? ¿Cómo quieres entonces escuchar los mensajes?

¡Silencio!

A todos los niveles, no sólo en boca-mente-corazón...

Mientras caminaba pensaba en la metáfora del espejo. Pulir para que refleje la realidad, que, repitamos una vez más: no existe de forma independiente del observador-espejo que la refleja, y lo haga lo más fielmente posible.

Sin pegarse a las imágenes, sin poner de nuestra parte. Una vez leí que en las artes marciales la atención tiene que ser como un buen criado que va, hace el recado y vuelve cuanto antes porque si no volviera no serviría de nada. La mano que agarra es a su vez agarrada por aquello que agarra. Parece una contradicción pero es así, lo digo por experiencia.

Todo capta nuestra atención. Lo bueno, la melosidad, lo que nos produce placer y lo malo, aquello con lo que "nos lo pasamos bien pasándolo mal", aferrándonos al sufrimiento.

No rechazar, escuchar todo.

No preferir, y aunque ello sea inevitable intentar escuchar tanto la música armoniosa como el ruido desagradable sin implicarnos.

Aceptar que estamos muy muy lejos de la no-mente. No aferrarse ni siquiera a la idea de no aferrarse. Esto siempre me pareció un truco dialéctico pero es como si el "wu wei" necesitase, antes de surgir "decidir" que iba a surgir.

Tiene algo de inquietante la pregunta: "¿Quién decide?" "¿De quién son 'nuestros actos'?"

No dejo de pensar en Spinoza diciendo aquello de: "si las piedras fueran conscientes caerían libremente". De nuevo libre albedrio como necesidad, es más, como inevitabilidad.

Entonces, volviendo a los tres deseos, curiosamente el mismo número que, entre otras muchas cosas, reyes magos. Si el primero es equilibrarme previamente para que el cuerpo-espíritu no tenga que hacerlo a la fuerza a través de la enfermedad, parte física, y que así ese equilibrio nos permita el desapego, el segundo es la parte vital de aceptar lo que viene tal y como viene, es decir si el éxito es que nos salgan bien las cosas y aceptamos que todo es "como debe ser" ni mejor, ni peor ni siquiera distinto sino tal y como debe ser, tenemos el éxito asegurado.

Es lo mismo que cuando el Talmud dice que el más rico no es el que más tiene sino quien tiene todo cuanto necesita.

Asumir la ilusoriedad de los objetivos y sin embargo pelear por ellos pero no aferrándose ni al éxito, digamos "aparente éxito", ni al fracaso.

Y por último serenidad que dicho todo lo anterior parece como si pidieras algo y de no conseguirlo pidieras al mismo tiempo la vacuna.

¡Dame de comer o si no puedes quítame el hambre como sea! Sueños, hipnotismo, hierbas...

Dame salud-equilibrio en lo físico-espiritual y si no serenidad para aceptar lo que tenga que venir y poder así aprender bien la lección.

Dame éxito-equilibrio en lo mental-anímico y en caso contrario haz que pueda leer claramente el mensaje. Es más mientras que la serenidad ante el fracaso es casi obligada si queremos tener un mínimo de elegancia, en el triunfo, para no volvernos soberbios y saber que...

"También eso pasará pronto"

la serenidad se convierte en un condimento imprescindible de ese divertido pero irreal juego de valorar las cosas, proponerse alcanzar unas rechazando otras y alegrarnos si lo conseguimos, frustrándonos o enfadándonos en caso contrario. Cuando al final...

Todo, absolutamente Todo es lo mismo.

)S(

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